Radiografías a niños, ¿qué debemos saber?

La importancia de las radiaciones ionizantes y sus efectos al cuerpo han tomado relevancia en las últimas décadas. Centrando la atención en los estudios de imagen y grupos de riesgo, especialmente las radiografías a niños.
Aquí haremos un resumen de los aspectos más importantes de las radiografías a niños, riesgos y las medidas de protección actuales.
 
Radiografías a niños
El abordaje del tema de las radiaciones ionizantes es complejo, en principio, esto es debido a que no se ven y sus efectos tardan en aparecer, haciendo que con frecuencia no sea tomado en cuenta.
En particular los padres que llevan a estudios radiológicos a sus hijos, y que se enfocan en la obtención de un diagnóstico y muchas veces no se tiene consciencia de los peligros de las radiografías a niños.
La radiología es una de las ramas de la medicina que ha tenido más crecimiento tanto cuantitativo como a nivel tecnológico.  Se estima que aproximadamente 300 millones de niños son expuestos a radiación por razones médicas anualmente, en su mayoría estudios diagnósticos convencionales, fluoroscopias y tomografías. A 37 millones de niños se le realizan estudios de resonancia y 7,5 millones reciben radioterapia. En especial, el uso de tomografía en niños ha aumentado en 800% desde la década de los 80 hasta la actualidad.
De todos las personas expuestas a radiación médica hay tres grupos de riesgo, donde se acentuan las medidas de protección: niños, embarazadas y personal de áreas de radiología.
 
Peligro de la radiografía a niños
Podemos decir, que existen 2 tipos de efectos perjudiciales de las radiaciones de uso médico:

  • Efectos directos (determinativos), debidos a altas dosis y pueden producir cataratas o quemaduras en piel además de lesiones en las placas de crecimiento óseo en niños.
  • Efectos estocásticos, que ocurren en forma acumulativa a largo plazo cuando se alcanza un umbral determinado y que es responsable de la carcinogénesis.

En niños, esta exposición a la radiación médica es particularmente importante debido a que:

  • Tienen una mayor sensibilidad a las radiaciones. Los tejidos y células inmaduras de los niños están en fase activa de crecimiento y multiplicación y por tanto son más susceptibles a cambios provocados por agentes externos. Los daños celulares que se provocan a nivel del núcleo y ADN por parte de las radiaciones, si son pequeños, pueden ser reparados por el mismo organismo. Cuando la radiación es más alta y repetida el riesgo de daño y muerte celular aumenta. La sensibilidad es 10 veces mayor en niños que en adultos. Además es mayor en niñas que en varones.
  • Los efectos de la radiación ionizante se observan a largo plazo. Al realizar radiografías a niños a temprana edad, es más probable que se puedan desarrollar las lesiones tumorales o malignas secundarias a radiación, por su larga expectativa de vida.
  • Hay estudios que han revelado que las radiografías a niños en la cabeza pueden provocar trastornos cognitivos a largo plazo.

Lo que hay que saber sobre las radiografías infantiles
Los seres humanos recibimos regularmente radiaciones ionizantes a través de los rayos solares, suelo y del ambiente en cantidades muy bajas. La cantidad diaria se estima en 3 mSv (milisievert= unidad de medida de radiación).
La principal fuente artificial es la radiación por motivos médicos. Para tener una idea de la radiación en los procedimientos de rutina se compara la radiación de un estudio con la radiación recibida en forma natural por unidad de tiempo:

  • Radiografía de tórax: emite muy poca radiación: 0,02 mSv ó 2 a 3 días de radiación natural de fondo.
  • Radiografía de abdomen: 1 mSv ó 4 meses de radiación natural.
  • Urografía: 2,5 mSv ó  14 meses de radiación natural de fondo.
  • Tomografía de abdomen: 5 a 10 mSv ó 2 a 4 años de radiación natural.

De manera tal, que vemos como las radiografías infantiles que consideramos rutinarias pueden tener un gran impacto en la salud a largo plazo.
pulmón de un niño
Dosis en radiografías a niños
Cuando el pediatra indica alguna radiografía a niños en forma aislada no representa un problema médico.
El planteamiento cambia cuando se indican series de radiografías a niños, o  estudios dinámicos, de contraste, fluoroscopias o tomografías computarizadas pediátricas.
En esos casos, siempre se sugiere llevar un registro de las radiografías o tomografías hechas al menor.
No obstante, la mayor parte de las instituciones hoy en día ponen en práctica protocolos de trabajo que disminuyen la exposición a la radiación en niños, con el claro objetivo de llegar a un diagnóstico correcto de la forma menos invasiva y al menor costo posible, tanto para las instituciones de la salud como para los pacientes.

  1. En primer lugar, a nivel técnico se debe ajustar la dosis de radiación de acuerdo al peso, tamaño y edad del niño. Los equipos en la actualidad ya están diseñados para facilitar esos ajustes. Además, el personal radiológico tiene bastante conciencia de estos aspectos y respeta los protocolos de trabajo en niños.
  2. En segundo lugar, es la evaluación de la necesidad del estudio, evitando:
  • La repetición o controles innecesarios de estudios de radiología.
  • Solicitud de estudios que no sean necesarios.
  • Las solicitudes médicas sin información. Deben llevar su debida historia clínica, haciendo partícipe al radiólogo y que este pueda sugerir alternativas que aporten menos radiaciones al niño.
  • Realización de estudios por presiones familiares o institucionales.

Radiación a acompañantes
Hay que tomar en cuenta la debida protección de radiación a acompañantes que con frecuencia son expuestos cuando participan en el procedimiento, sobre todo en niños pequeños. Hay que tomar en cuenta:

  • Distancia del foco de la radiación.
  • Tratar de utilizar el menor tiempo y el miliamperaje más bajo posible, sin sacrificar la calidad de la radiografía al niño.
  • Utilizar blindaje: escudos, mamparas de plomo, delantales de plomo protectores tiroideos, gafas, guantes plomados y protectores gonadales.

acompañantes en una radiografía
Tomografía computarizada pediátrica (TC)
Las tomografías representan las principales fuentes de radiación médica.
Se considera que el 2% de 1,4 millones de cáncer en niños se relacionan con TC. El riesgo de sufrir tumor cerebral y leucemia se multiplica por 3 cuando se realiza TC en la niñez.
Las dosis aproximadas de radiación son:

  • TC cráneo: 2,3 mSv
  • TC tórax: 8 mSv
  • TC abdomen: 10 mSv

Por ello, se trata de evitar los estudios de múltiples fases en niños, así como procedimientos guiados por tomografía donde la radiación es aún mayor.
Hay que tener particular cuidado con la protección ocular, mamas, gonadas y tiroides, usando blindajes de 2 mm. de bismuto, con una cubierta de látex, que logra disminuir en 40% la dosis de radiación.
Siempre hay que considerar una mejor alternativa (menos ionizante), como es el caso de la ecografía o la resonancia magnética (RM).
En muchos casos la resonancia magnética ofrece ventajas, debido a que tiene una buena resolución, el contraste es regulable, y ofrece mejor resolución vascular.
En caso de investigar cerebro, riñones y corazón son los estudios de elección. Además hay que considerar sustituir la TC por RM en casos de lesiones osteomusculares y torácicas. La única desventaja de la RM es cuando hay algún instrumento metálico (placas de titanio, marcapasos, etc) y que los niños son más sensibles al contraste paramagnético a nivel renal.
De todas formas, quien siempre debe tener la última palabra es el especialista, que evaluará los pros y contras del uso de una práctica como la tomografía.
 

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